Entrevista: Stevie / Silvia V. DueñasTexto: Pita Lugosi
Tiempo, innegable y a la vez inmaterial. El tiempo es un ente que depende de la percepción, es una creación con la que nos ubicamos en el mundo y medimos la intensidad de nuestras acciones con respecto a sus repercusiones en el curso de la realidad; el tiempo no existe y sin embargo es el maestro más estricto de todos, cuyas lecciones de dolor y serenidad definen la esencia de lo que es ser humano. Tiempo y cadencia, esos son los elementos que conjugan en la nueva producción de Ely Guerra Hombre Invisible una oda agridulce a la experiencia de vivir.
Cuando se trata de una artista tan polifacética como lo es Ely Guerra, siempre es difícil escoger un tópico con el cual iniciar una conversación, durante su carrera ha logrado explorar múltiples universos que habitan su interior, la mutabilidad de los versos que rondan su mente a espera de ser descubiertos es fina y delicada, como las capas sonoras que entretejen las melodías de su composición y se sostienen bajo el mesmerizante eso de su potente voz retumbando desde los oídos, viajando directamente al corazón.
Usualmente uno pensaría que componer música es como una religión, que es una forma de fortalecer aquellas debilidades interiores, congregando a otros seres humanos del mismo sentir bajo himnos que expresen aquello que les es más propio y cercano a todos: la vida.
Ely, sin embargo, se muestra más fuerte y poética a la vez, mientras nos platica sobre los factores: “Cada vez libero más mi energía a través de mis canciones. Me siento libre, superada, crecida… Creo que en este momento soy un poco más honorable y sincera, más fuerte y débil a la vez. Ser capaz de lograr cometidos te da cierta vulnerabilidad, sobre todo cuando llegan fechas claves del año como la Navidad o año nuevo… El año pasado no fue la excepción, medité plenamente la oportunidad de hacer música de nuevo, lo que me dio como resultado Hombre invisible y pensé que des-cribe el momento que estoy viviendo”.
Quizá la clave para entender todo lo que encierra esta producción para la compositora, es entenderlo desde la noción fragmentaría de los instantes, una visión del mundo como un compuesto no homogéneo que da la ilusión de unidad y plenitud; un lugar en el que el tiempo acontece instante a instante, en una sucesión de eventos que se prolonga al infinito en la finitud de nuestras existencias. Por eso es que para Ely su más reciente entrega es un momento de integración, necesario después de haber reflexionado en las fracciones que componen su vida: “En el disco quise reflejar mi momento, mi feminidad, mi masculinidad, mis 38 años como mujer que vive en este país. Por supuesto, también me propuse liberar cosas más superficiales (como el dominio que gozo ante mi propia expresión creativa), así como mis ganas por continuar creciendo como un ser musical y visionario de nuestros días”. Más allá de los géneros, lo que busca Ely es expresar la identidad del ente que es su ser musical, un ser inmortal que sin importar la época, siempre que se comunique con un humano creará algo especial y único”.
El éxito y el reconocimiento le ha llegado a Ely Guerra, sin embargo no es lo principal que ella ha buscado en su carrera, probablemente es el único resultado posible de el derroche de talento que emana de ella. Mientras que en el mundo abundan individuos pretenciosos que buscan realizar una obra que les brinde fama (cuando hay una aspiración tan vacua), la obra en cuestión se desintegra sola y se olvida en las profundas aguas del inconsciente colectivo, tarareándose de vez en cuando como ecos de su perdida popularidad; sin embargo, la forma de componer de Ely rebasa lo usual, es una forma de unir por medio de la diferencia, de exteriorizar lo interno a través de lo diferente y de hacer que los sentimientos ajenos se vuelvan propios, en sus palabras: “¿Cuándo hice algo normal? Sé que no lo hice de niña, ni en el silencio u oculta. Ni si quiera cuando no había ventanas a un espacio en común, es decir, no actué así. Aún cuando escribía en mi intimidad, sin la oportunidad de compartirlo comercialmente. Me han preguntado si Hombre invisible es un álbum concepto, pero no sé si aceptar “concepto” como algo que tan sólo expresa quien soy en este momento… Quiero ser yo, quiero continuar fiel a mi expresión; seguro eso puede considerarse como un concepto, algo premeditado para congeniar con una sociedad creativa o comercial… Quizá es más bien un concepto real, que busca cierta explicación a mi intención diaria con un mundo musical ajeno a mi necesidad de expresión”.
Probablemente el valor de la música radica precisamente en esta necesidad de expresión que es capaz de unir nuestra realidad fragmentada, pues es en ese punto donde no hay diferencia entre la multiplicidad y la unidad, donde se existe únicamente a través de lo emotivo y es indistinto el género, la edad, la cantidad o cualquier otro accidente; en la música lo importante es existir, reconocerse y mantenerse, poder ver al otro como parte de uno mismo. Ely sabe perfectamente que su música no le pertenece a ella, sino que ella misma es su música y que lo mejor es cuando alguien más puede reconocerse en esa expresión: “Yo no me proyecto en todas y cada una de mis canciones. Para ponerlo de forma simple; ellas soy yo y yo soy ellas, si hay una canción especial con la que te identifiques es porque en esas palabras, emociones y sonidos me encuentras; yo no tengo esa opción como artista, no podría escoger una canción por sobre las otras porque todas son una parte de mí”.
Aunque “Stranger” fue elegido para ser el primer sencillo del disco, no es por favoritismo, más bien es por cuestiones idiomáticas, ya que el tema contiene la ambivalencia del momento en el que vivimos: “Probablemente “Stranger” es una metáfora de cómo me encuentro ahora… Spanglish es la forma en la que los mexicanos de hoy en día hablamos, no es algo propio, es el mestizaje de nuestro instante”. Nuevamente los fragmentos se unen, lo que nos divide es lo que más nos acerca y por eso que todos somos un poco invisibles cuando se trata de ser humanos, extrañs y amantes; por eso Ely canta “Soy un instante aquí, seré ceniza en el mar (…) soy un stranger más”.
Comunicar y expresar son dos nociones fuertemente ligadas pero distintas, pues mientras que la comunicación implica empatía, la expresión requiere de autodominio para la exteriorización, no requiere de otredad, se puede expresar en el vacío de la soledad mientras que la comunicación requiere que el mensaje tenga un receptor. Cuando ambas funciones se conjuntan, se obtiene un instante de plenitud en el ser humano que es fruto de un esfuerzo constante (y muchas veces desgastante), por eso es que nos sorprendió esta artista cuando nos platicó sobre cómo ha visto el desarrollo de su carrera: “Mi carrera ha sido un reto educativo. Creo que mi música ha sido símbolo de perseverancia y corazón, eso no es invisible a los ojos de los demás, mucho menos de los míos… Hombre invisible representa un momento importante de mí vida, porque me pone en un espacio único, ése donde uno puede oportunamente retirarse y hacer cualquier cosa, o apretar para continuar el camino… Yo decidí apretar, continuar y reconocerme en esfuerzos aun mucho más contundentes”. Quizá el conjugar la comunicación y la expresión es un don que sólo ciertos artistas como Ely tienen.
Cuando tocamos este tema de la expresión y comunicación era necesario abordar su perspectiva del panorama nacional, parafraseando al poeta Ramón de Campoamor, “nada es verdad ni nada mentira, sino que todo depende del cristal con que se mira”. Sin duda Ely ve con buen hado a la música de nuestro país y así lo expresa: “Creo que el rock nacional se encuentra en una etapa de búsqueda, por eso hay que tener un ojo al gato y otro al garabato (risas). Nos encanta lo extranjero (aunque eso no lo considero una cualidad realmente), me gustaría pensar que podemos mirar para adentro y no para afuera; por eso es que más que escuchar bandas de aquí sigo a aquellas que están en proceso de búsqueda genuina, como a Juan Son o Hello Seahorse! Creo que la escena independiente en México está en un momento de creci-miento, deseosa de dar más, simplemente deleitable; esto es un reflejo de lo que ocurre en el mundo de la música y sus cambios”.
Consiente de que los cambios no son una ocurrencia espontánea, sino el resultado de la sinergia acumulada por el movimiento hacia nuevos espacios. Ely comentó brevemente sobre su aporte a la búsqueda de espacios en nuestro país: “Tenemos un espacio digital donde dimos prioridad a la salida del disco, se llama mapamondo.com Paty Carrera (quien ha sido siempre mi consejera y representante en cosas autorales), me ayudó a emprender esa nueva etapa, donde reunimos para hacer posible un espacio dirigido al os fans de todos los músicos de nuestro país. Quise ser parte de este interés porque estoy en un canal de crecimiento, porque deseo encontrar motivos para continuar activa en mi país, creativamente hablando”. Para quienes no conozcan el portal, allí pueden descargar de forma gratuita algunos temas de varios artistas, o comprar álbumes digitales a un precio muy accesible.
En este punto de la plática, se conjugó la nostalgia con la esperanza, ese sentimiento agridulce propio del tiempo manifestándose en forma de recuerdos, en vez de separarse de la emotividad, Ely decidió lanzarse nuevamente sobre su lado vulnerable y nos platicó sobre el recorrido que le ha llevado a ser la intérprete del ente musical que la conforma: “Mi expresión creativa nunca ha estado alejada de mí realidad, es una forma de andar por el camino y encontrarme conmigo misma, con mí naturaleza como mexicana que vive, siente y crece. En todo aquello que nos ocurre nos reflejamos y construimos una vida; mi familia, mis amigos, mis colegas son profundamente mexicanos, andamos un camino juntos, de la mano, por ello lo más notorio de mi trascendencia musical tiene que ver con lo que me ha tocado vivir (con las costumbres de mi país y mi gente). Cantar mis canciones, tal cual las deseo escuchar, ha sido una carrera de perseverancia y auto-cultivo, me siento contenta y satisfecha, aún me falta mucho más para llegar a donde me veo en la fotografía mental que tengo”. No es para menos ella firmó su primer contrato discográfico a sus 20 años y desde allí ha hecho de la música su forma de ser y vivir en este planeta, reconocer sus creencias y tener la capacidad de defenderlas, es decir ser plena, en palabras de la artista: “Mi música es mi participación con este país como una mujer trabajadora, llena de pasión y compromiso. Quiero que mi música sea parte de este país y su gente, quiero estar en el lugar correcto, a la hora correcta y con la gente correcta… Eso suena como un buen plan para mí; busco abrir mí corazón siempre, para todo aquello que me corresponde vivir, por eso es que hoy en día trabajo incansablemente en esta siembra que sé dará frutos mañana”. Por eso no es de sorprender que Ely nos confesara que ha tenido un sentimiento similar al enamoramiento cuando ha colaborado con algunos artistas a lo largo de su carrera, del cual ha podido disfrutar de la magia única e irrepetible que produce el contacto de dos potencias creadoras confluyendo en un solo tema musical: “Es imposible de comparar una colaboración con otra. Es deleitable, te impone, te expone y te exige… Acelera tu condición normal, por eso sólo hago aquellas donde pueda realmente entregarme… Aunque sólo Jared Leto (30 Seconds To Mars) me ha besado…(risas)”.
Finalizando la entrevista era difícil mantener una opinión sobre Ely Guerra, pues uno puede estar tentado a pensar que es una artista que simplemente se mimetiza con lo que está sucediendo en la escena musical, más bien se hizo evidente que era imposible englobarla bajo un concepto, encerrarla en un adjetivo y cristalizar su movimiento en un instante preciso, es la capacidad de discurrir en la pluralidad lo que es esencial en Ely Guerra, un movimiento constante y mutable que es capaz de explorar simultáneamente en direcciones opuestas (o al menos que aparentemente lo son). Quizá la mejor forma de expresar el mensaje que les intento comunicar sea mejor logrado en palabras de la propia artista: “Andamos detrás de los espacios correctos, donde nos sintamos honrados y honremos a la música, afortunadamente ya sé están dando, la independencia tiene sus buenos motivos: sólo existen montañas sagradas que escalar juntos. Es preciso considerarnos compañeros y reconocer nuestro lugar, saber quién va arriba, quién va abajo y cuándo switchear, sustentándonos unos a otros para así llegar a la meta: La identidad musical. Por eso creo que no hay nada mejor que ser individual, la independencia no es precisamente un atributo que llega solo, es una condición y un lugar de fortaleza que se busca y se encuentra únicamente cuando la mira está en la meta, no en los obstáculos que nos toca superar…
Publicado en Indie Rocks! No. 37






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